A menudo me encuentro conversando con personas, conocidas o desconocidas, que de repente comienzan a contarme cosas de su vida personal:

  • Hay quien quiere establecer una relación de pareja y no sabe cómo y hay quien quiere salir de una relación actual y tampoco sabe cómo.
  • Hay personas que se sienten insatisfechas y no saben por qué y otras que tienen muy claro un objetivo y, por más que van detrás de él, no dejan de tropezar una y otra vez en la misma piedra.
  • También hay personas que han sufrido alguna pérdida importante en su vida y sienten que no saben cómo seguir adelante e incluso personas que no se dan cuenta de que han perdido algo importante y de repente se encuentran con un vacío que no entienden.
  • Hay personas que buscan mejorar sus relaciones o la forma de comunicarse con los demás o aprender a decir no y sentirse bien o… un largo etcétera de situaciones que podemos encontrar cotidianamente y que afectan a nuestro bienestar…

… Yo les escucho atentamente y me doy cuenta de cómo, en su monólogo, se van soltando, pasan de un pensamiento a otro y entran en un bucle de preguntas, respuestas y razonamientos que repiten una y otra vez, dando vueltas sobre la misma idea y llegando siempre al mismo “callejón sin salida”.

¿Te has visto alguna vez en una de éstas?… (Yo sí, unas cuantas :-))

A veces, en algún momento de la conversación les pregunto:

  • ¿te has planteado buscar ayuda terapéutica?

Y la mayoría de las veces me responden:

  • ¿Para qué?… ¿qué puede solucionarme un terapeuta?

La respuesta es clara:

  • Nada.

Efectivamente, un terapeuta o coach no te va a solucionar nada, pues lo que te inquieta en un momento dado es un tema tuyo, es tu vida y tú eres el único capacitado para resolverlo.

Lo que sí puede hacer un terapeuta o coach es facilitarte el que tú encuentres esa solución, proporcionarte un espacio de confianza en el que tú te sientas seguro y acompañarte en ese proceso de búsqueda personal que a menudo nos pone en contacto con nuestra parte más vulnerable… con lo que eso nos cuesta…

Aclaro en este momento que, con el término terapeuta, me refiero tanto al terapeuta en sí mismo, como al coach o a cualquier otro profesional que se haya formado y experimentado en el acompañamiento a otras personas en sus procesos físicos, metales, emocionales, espirituales, etc.

Igualmente, con proceso terapéutico, me refiero tanto a los procesos de terapia, como de coaching.

Resistencias que aparecen

Hoy en día todavía subsiste para muchos la idea de que tenemos que valernos por nosotros mismos, que si no somos capaces de resolver solos las cuestiones o dilemas que se nos presentan “no somos suficientemente buenos” o “no soy tan bueno como los demás” o “se van a pensar que no puedo” o “¡estoy enfermo!”…

Estamos muy dispuestos a ofrecer ayuda a quien la necesita o a quien creemos que la necesita, aunque no nos la pidan, pero nos cuesta mucho reconocer que a nosotros mismos también nos vendría bien un poco de ayuda y todavía más nos cuesta pedirla.

Cuando quiero aprender un idioma, me doy cuenta de que no sé, lo asumo y tomo las medidas que me ayuden a conseguir lo que quiero: busco un profesor, me apunto a una academia, viajo al lugar en el que se hable el idioma… En definitiva, me busco la ayuda que necesito en ese momento.

De la misma manera, hacer terapia o coaching no significa “estar enfermo” o “no ser capaz”.

  • Hacer terapia o hacer coaching es conocerse y darse cuenta de que  “en este momento”, tengo dificultades para resolver “esta cuestión”.
  • Hacer terapia o hacer coaching también es quererse, cuidarse y ofrecerse una ayuda.
  • Hacer terapia o hacer coaching es tomar una decisión que requiere valentía, compromiso y responsabilidad hacia uno mismo.

Experiencia personal

Después de mi primer proceso terapéutico como cliente me sentí muy agradecida a la persona que me acompañó.

Había estado ahí, escuchándome, invitándome a mirar hacia otro lado, cuestionándome a veces, sosteniendo mis emociones, sin meterme prisa, sin juzgarme, sin decirme esto está bien o esto está mal, sin decirme tampoco tienes que hacer esto o lo otro…

Y poco a poco, en ese espacio de confianza y seguridad yo me iba dando cuenta de mis pensamientos profundos, de mis fortalezas, de mis limitaciones, de las barreras que me ponía a mí misma para alcanzar aquello que quería, de los miedos y condicionamientos que tenía… Aprendí a mirarme… a reconocer y gestionar mis emociones, a identificar mis recursos, a ponerlos en marcha…

Ahora sé que cuando algo “se me atasca”, cuando siento que algo no está como yo quiero y me cuesta ponerlo como quiero, es porque hay algo que, de la forma que estoy mirando, no puedo ver y necesito mirar de otra manera.

El ojo humano no puede verse a sí mismo sin una herramienta: un espejo en el que mirarse. De la misma manera, el terapeuta es una herramienta a nuestra disposición que nos brinda la posibilidad de poder mirar las cosas de otra manera, tanto dentro como fuera de mí.

Desde aquélla primera vez, son muchas las veces que he buscado y disfrutado de un acompañamiento terapéutico porque para mí son un acelerador. Con el tiempo he aprendido a diferenciar cuando fluyen las cosas y cuando tengo “un atasco” y, para mí, la forma más rápida y saludable de salir de ese atasco es la ayuda de un terapeuta o coach.

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