Sentir y Crecer

Estas dos bellas palabras dan nombre a mi proyecto profesional y definen de forma sencilla y clara la metodología de mi trabajo.

Generalmente estamos tan ocupados con lo que hacemos y con la omnipresente mente pensante que no tenemos tiempo para dedicarnos a observar lo que sentimos. Solo cuando nuestro cuerpo se queja a gritos y se enferma le prestamos un poco de atención a regañadientes y diciéndole “venga, date prisa, cúrate pronto que tengo muchas cosas que hacer…”

Así, a base de no escuchar al cuerpo, éste se va contracturando por un lado, luego por otro y a medida que pasa el tiempo el cuerpo pierde elasticidad, fuerza, movimiento, frescura y nosotros nos sentimos cada vez más pesados, compactos y atados a nuestras propias cadenas.

A través de mi propia experiencia he llegado a la conclusión de que el primer paso que hay que dar es Sentir… y ¿dónde sentimos?… en el cuerpo.
¿Por qué considero que es lo primero? Porque el cuerpo siente aquí y ahora, en cada momento, y nunca se equivoca.

Lo que siento, lo siento en este momento… está ocurriendo ahora.
Sin embargo, lo que pienso o lo que hago a menudo está condicionado por experiencias pasadas, creencias, hábitos adquiridos, “debería…”, etc.

Todo lo que pensamos o hacemos, lo que oímos o vemos, todo lo que nos ocurre, tiene un impacto en nuestro cuerpo; es decir, podemos sentirlo en alguna parte de nuestro cuerpo en forma de hormigueo, calor, dolor, golpecitos, etc… son muchas las formas en las que nuestro cuerpo nos habla.
Este sentir que ocurre a cada momento puede ser algo agradable y expansivo o algo desagradable y contractivo.

Cuando es agradable y expansivo nos informa de que hay coherencia en nosotros. Lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos, están alineados y operan juntos.
Sin embargo, cuando es desagradable o contractivo, se está produciendo un desajuste entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Es decir, podemos estar sintiendo una cosa, pensando otra y haciendo otra diferente.

Desarrollar el Sentir es ampliar la consciencia corporal y poner en marcha una fuente de información totalmente fiable que opera a cada segundo de nuestra vida.

Según mi experiencia y mi filosofía de vida, es a partir de este Sentir desde donde podemos Crecer y desarrollar nuestro máximo potencial de la forma más armoniosa, segura y respetuosa con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Crecer desde el Sentir proporciona la certeza continua de “voy bien”, “es por aquí”.
En cuanto a Crecer, para mí representa autodescubrirnos continuamente, asentarnos en la confianza en nosotros mismos, ampliar los recursos para gestionar las emociones, para relacionarnos desde la apertura, para comunicar nuestras necesidades de forma contundente y a la vez tranquila, ampliar nuestras capacidades para vivir cualquier situación desde el equilibrio y la seguridad de uno mismo.

Crecer implica estar en coherencia interna, alinear lo que sentimos con lo que pensamos y lo que hacemos, entrar en contacto con el goce y el disfrute y vivir la vida desde aquí, incluso en las situaciones más adversas, pues hasta en el dolor, se puede disfrutar de la paz que proporciona tener la fortaleza suficiente para sostenerlo con amor.

Sentir y Crecer significa conectar con la parte más genuina y auténtica que tenemos y evolucionar disfrutando de la vida desde ahí.

 

 

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