El poder de la sonrisa

 “Hija, sonríe…”

Uno de los recuerdos que tengo de mi juventud, de la época en la que andaba un poco perdida y mi vida no tenía mucho sentido, es escuchar a mi madre diciendo “Hija, sonríe… estás siempre tan seria…”

Yo me enfadaba y le respondía enfurruñada “Bueno, pues si estoy seria, estoy seria… no tengo motivos para sonreir”.

Supongo que esto era difícil de entender para una persona que siempre tiene una sonrisa puesta… Tan difícil como me resultaba a mí entender que alguien pudiera estar la mayor parte del tiempo sonriendo… Pensaba que era una “careta”, “una máscara”… que no eran personas sinceras… ¡y eso que mi madre era una de esas personas!

El caso es que a mí, no se me daba muy bien eso de “sonreír por sonreír”

“… sonríe un poco más…”

A medida que empecé a encontrarme a mí misma y mi vida fue tomando sentido, yo empecé a sonreír, al menos cuando me sentía segura en un entorno de confianza.

Un día me di cuenta de que mi madre ya no decía “Hija, sonríe… estás siempre tan seria”

Ahora me decía “Hija, sonríe… con lo que te ríes en casa y la gente te ve siempre tan seria…”

A mí me seguía sentando fatal que me dijera eso: “¡Pues que me vean seria!… ¿por qué les tengo que sonreír?”

…  y seguí avanzando en mi camino y en mi desarrollo personal…

El chispazo

Una mañana de diciembre, mientras iba en coche a trabajar, escuchando la radio como cada mañana, oí una frase sobre la sonrisa que me impactó:

“Sonríe al mundo y el mundo te devolverá su sonrisa”

Al instante se dibujó una sonrisa en mi cara y pensé “¡Jo, qué frase tan bella!”

Todo su sentido me llegó de golpe… Me gustó tanto, que ese año la utilicé como felicitación navideña, tanto de la empresa, como particular.

Pero lo verdaderamente importante fue que decidí probar.

Sonríe al mundo

Decidí probar y averiguar qué ocurriría si yo sonreía antes de que los demás me sonrieran… antes de tener la suficiente confianza con alguien como para mostrarme sonriente…

Al principio estuve unos días ensayando en el espejo.

Me miraba y sonreía y veía en el espejo una sonrisa forzada. No parecía real y, además, me sentía bastante ridícula. No me veía nadie, aunque me moría de vergüenza con solo imaginar que alguien pudiera verme. Sin embargo, al mismo tiempo pensaba “Bueno, sigue practicando”…

En uno de estos días pensé “a ver… últimamente ¿en qué ocasión has reído con ganas?

… y entonces recordé un incidente que me había ocurrido hacía unos días en casa de mis padres.

Una anécdota graciosa

“Por aquel entonces, yo ya vivía en Madrid y había ido a Miranda a pasar el fin de semana con mi familia. Llegué sobre la hora de comer. Iba vestida con una falda vaquera larga que estaba muy de moda por aquel entonces… de esas que tenían toda la parte del abdomen muy pegadita al cuerpo y a partir de las caderas se abría en vuelos hasta los tobillos. Por arriba llevaba un jersey azul marino, entalladito, con cuello vuelto y un cinturón marrón, ancho, caído a la cintura. Calzaba unas botas de tacón que me llegaban hasta las rodillas, también de color marrón… Toda muy conjuntadita y muy mona.

Entonces, terminando ya de comer, llamaron a la puerta y yo me levanté de la mesa para abrir la puerta. Era mi vecino. Pasó hacia el comedor y mientras, no sé qué le iba a pedir a mi madre, yo aproveché para ir al baño.

Cuando volví, me dijo mi padre “Melania, trae un banco para Pepe” y allá que me di media vuelta y fui a por el banco cuando mi hermana vino detrás de mi corriendo y me dijo “Melan, que llevas toda la falda recogida por detrás”.

🙂 🙂 🙂 Al salir del baño, se me había pillado la parte baja de la falda entre las medias, de modo que toda la falda quedó recogida por la cintura y, aunque por delante estaba monísima, por detrás llevaba “todo el culo al aire” 🙂 🙂 🙂

… cubierto, con las medias, claro… pero el atuendo y la situación no dejaban de ser realmente cómicos.

Por suerte, mi vecino no se dio cuenta, aunque el incidente nos proporcionó unas buenas risas familiares una vez que se hubo marchado 🙂 🙂 🙂 ”

Beneficios de la sonrisa

Entonces sí… recordando el incidente, la sonrisa que vi en el espejo iluminó toda la habitación. No eran solo mis labios abiertos enseñando los dientes de lado a lado… Eran mis mejillas, mis ojos, mi frente y sobre todo…¡el brillo de la mirada!

De repente fue como si mis ojos y todo mi cuerpo cobraran vida y pensé “Uaaaaooooohhhh… qué pasada”

… Se habían relajado mis hombros, se había alargado mi columna, mi expresión era bellísima, pero es que además, me sentía Plena, Feliz

Allí mismo, en el espejo que unos minutos antes recogía una sonrisa forzada, con unos hombros elevados y cerrados hacia delante, fui testigo de la transformación que se produjo en mi cuerpo, en mi cara y en todo mi Ser…

…Y tan solo había tenido que recordar un incidente…

Me propuse recordar el incidente al día siguiente según fuera caminando por la calle

… y así lo hice…

La importancia de sonreír

Al principio me sentía un poco tonta, pero la sonrisa me asaltaba de tal manera que se escapaba amplia y espontánea.

Antes de llegar al garaje, en el trayecto de 5 minutos que hacía andando cada día, me sonrió la señora rubia que trabajaba en el portal número 5; me saludó el portero del número 9 y oí un “¡Guapaaaa!” del andamio de la esquina.

Vale, ya sé, lo del andamio no es extraño… pero sí a las 7:30 de la mañana… no me había pasado en los 3 meses antes que llevaban los andamios puestos… Y las otras dos personas, nos habíamos estado viendo casi cada mañana durante varios años y todavía no nos habíamos hecho ni un solo gesto de “Hoooolaaaa, te veeeeoooooo”.

… A lo mejor porque yo iba mirando al suelo o enredada en mis cosas sin prestar mucha atención a lo que ocurría a mi alrededor…

¡Ahora la gente me veía, me sonreía, me hablaba! … ¿o era yo quien les veía, sonreía y hablaba? …

No lo sabía muy bien, pero para mí fue un cambio sorprendente y todavía vinieron muchas sorpresas más a medida que seguía practicando…

Un día ya no tuve consciencia de estar practicando, simplemente mi expresión cambió y sonreía de modo natural

Entonces caí en la cuenta de que hacía mucho tiempo que no escuchaba “Hija, sonríe…” y no solo eso, sino que en distintas ocasiones y con distintas personas empezaban a llegarme feed back´s del tipo:

“Jo, es que para ti todo es fácil. Claro, como tú siempre te estás riendo…”

Colofón

Por supuesto que para mí no es todo fácil y que la sonrisa no me regaló una vida lisa y sin obstáculos. Sin embargo,

la sonrisa sí que me regaló una disposición más relajada, más abierta, más clara y más creativa para hacer frente a lo que la vida me depare

… y ¡eso es mucho!

Fue después de todo este proceso cuando descubrí que no eran las personas sonrientes las que llevaban una máscara, pues aprendemos a sonreír de forma natural unos meses después de nacer.

Era yo quien me había puesto la máscara de la seriedad para esconder mis miedos e inseguridades.

Claro que todavía tengo miedos e inseguridades… otros diferentes a los de antes… y seguiré teniéndolos y seguirán cambiando, pero ahora sé, que con una sonrisa, todo se lleva mejor y que, efectivamente,

“Si sonríes al mundo, el mundo te devuelve su sonrisa”.

Este post se lo dedico a mi madre y a todas las personas que me mostraron su sonrisa para que yo pudiera recuperar la mía. Enormemente agradecida.

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