Cuántos tipos de pensamientos existen

¿Has oído alguna vez esto?: “la mente es tu mejor amiga”.

… ¿Y esto otro?: “la mente es tu peor enemiga”.

Parece una contradicción ¡verdad? Pues no lo es. En efecto, la mente, este órgano que todos tenemos y que funciona constantemente, puede ser nuestra mejor amiga o nuestra peor enemiga y el que sea una cosa u otra depende de su contenido.

Cómo se generan los pensamientos

La mente genera pensamientos constantemente, nos demos cuenta o no.

Los pensamientos se generan a partir de lo que nuestros sentidos captan del exterior, de nuestras experiencias del día a día, de nuestras creencias y expectativas y también a partir de los recuerdos o memorias pasadas que han quedado grabadas en nuestra mente, consciente o inconscientemente.

Por otra parte, los pensamientos no siempre se generan de forma consciente y racional, sino que la mayoría de las veces se forman por asociaciones inconscientes dando lugar a un sinfín de pensamientos que se repiten una y otra vez dentro de nuestra cabeza.

Los científicos hablan de 60.000 ó 70.000 pensamientos al día, de los cuales el 90 % ya los pensaste ayer, esta semana o la semana pasada…

¡Vamos! ¡Qué nos pasamos los días dando vueltas a los mismos pensamientos!

¿Cómo nos afectan los pensamientos?

Los pensamientos nos despiertan sentimientos: de alegría, de tristeza, de rabia, de agradecimiento, etc. En función de estos sentimientos nuestra actitud y disposición a la acción será de una u otra manera.

La secuencia que se produce es: pensamiento -> sentimiento -> acción -> resultado…  y a partir de aquí se generarán nuevos pensamientos que darán lugar a otra secuencia.

Esto quiere decir que

nuestra forma de ser y vivir depende en gran medida de nuestros pensamientos.

Si nuestros pensamientos son impulsores, beneficiosos, alegres o constructivos, nuestros sentimientos serán de expansión, bienestar y felicidad y desde ahí, actuaremos con fuerza, positivismo y confianza.

Por el contrario, si nuestros pensamientos son perjudiciales, destructivos o airados, nuestros sentimientos serán de contracción, malestar y confusión y desde ahí, nuestra acción será torpe, perezosa o agresiva.

… y además, como los pensamientos se generan por asociación en función de los estímulos que recibimos, cuantos más pensamientos impulsores, beneficiosos, alegres o constructivos tengamos, más crearemos… y viceversa…

En general, todos los pensamientos se pueden clasificar dentro de uno de los 4 tipos que te cuento a continuación.

Pensamientos negativos

Son pensamientos que causan daño y perjudican, no solo a quien los tiene, sino también a su entorno. Son pensamientos basados en la ira, la posesividad, la avaricia, los celos, el racismo, la crítica… Es decir, pensamientos basados en motivaciones egoístas y prejuicios que no tienen en cuenta los valores esenciales ni las cualidades internas de las personas.

La repetición de pensamientos negativos puede desencadenar problemas de salud, tanto a nivel físico como a nivel mental. Asimismo, puede generar acciones destructivas hacia uno mismo y hacia el entorno.

Son pensamientos del tipo: “¡Pues ahora se va a enterar!”, “Esto es una mierda”, “No tiene ni idea de lo que dice!”, “Nunca me tiene en cuenta”, etc.

Los pensamientos negativos debilitan, quitan energía y conducen al aislamiento ya que, a la larga, nadie quiere estar con alguien que está todo el día quejándose, criticando, amenazando, etc.

Pensamientos innecesarios

Son pensamientos que no tienen ninguna utilidad ni son particularmente negativos. Generalmente se refieren al pasado o al futuro. Cuando son sobre el pasado, se refieren a cosas que no podemos cambiar; mientras que cuando son sobre el futuro, se refieren a cosas que no sabemos si ocurrirán… son especulaciones o posibilidades sin ningún fundamento.

Estos pensamientos generan preocupación o intranquilidad cuando aparecen y disminuyen nuestra capacidad de concentración en lo que estamos haciendo. Esto hace que seamos más lentos y necesitemos más tiempo y esfuerzo para hacer las cosas.

Algunos ejemplos de estos pensamientos son: “Si le hubiera avisado, me habría enterado de que no iba a estar”, “¿por qué no le dije que sí?”, “cuando llegue a casa, me sentiré más tranquila”, “si hablo con ella, todo se arreglará”, etc.

Pensamientos necesarios

Son los pensamientos relacionados con las rutinas, el trabajo y la vida diaria. Se generan a partir de nuestras responsabilidades y nuestras necesidades, fundamentalmente, físicas y materiales. Son pensamientos organizativos, planificadores, archivadores, etc.

Por ejemplo: ¿a qué hora tengo que poner el despertador?, ¿qué voy a comer hoy?, ¿cuál es mi número de teléfono?, ¿por dónde voy a la oficina?, etc.

Cuando un pensamiento necesario se repite una y otra vez, se convierte en innecesario.

Pensamientos positivos

Son pensamientos que te alegran, te dan fuerza y te capacitan para ser constructivo. Están basados en los valores esenciales: amor, confianza, generosidad, honestidad, paz, etc. y además ayudan a desarrollarlos.

Son pensamientos que se dirigen a la solución, a lo que hay, a lo bueno, a lo que vale. Pensamientos que reconocen la realidad, pero se enfocan en lo que aporta, en la ayuda, en la construcción.

Estos pensamientos generan bienestar físico y mental, equilibrio, armonía y resistencia a las enfermedades y a las adversidades.

Ejemplos de este tipo de pensamiento son: “No aprobé, pero aprendí muchas cosas que me sirven para mi trabajo”, “Se le cayó, pero aprovechamos la mitad del contenido”, “Hoy que hace tan mal tiempo, voy a descansar en casa”.

Y esto ¿para qué me sirve?

Llama la atención que, del mogollón de pensamientos repetidos que tenemos al día, el 80 % sean negativos. Esto nos lleva a tener sentimientos enfurruñados y acción confusa y también a gastar mucha más energía de la que necesitamos para hacer las cosas, con el consiguiente agotamiento que esto conlleva.

La buena noticia es que esto puede ser diferente. Con un poco de consciencia, podemos elegir la calidad de los pensamientos que generamos.

Para ello, es necesario fomentar la cadena de pensamientos positivos y disminuir los estímulos que provocan pensamientos negativos:

  • Para empezar, observa cuáles son tus pensamientos.
  • Cada vez que descubras un pensamiento negativo, crea conscientemente uno positivo.
  • Si descubres un pensamiento innecesario, déjalo pasar, céntrate en lo que estés haciendo o sustitúyelo también por uno positivo.
  • Elije lo que lees, las noticias que escuchas, las conversaciones en las que intervienes. Infórmate de lo que ocurre, pero cuida tus comentarios al respecto. Elige y crea pensamientos positivos.
  • Dirige tu atención a las soluciones, a crear, a ayudar, a aportar…

Al principio serán pensamientos y acciones conscientes que requieren tu atención y entrenamiento, pero después, como todo aprendizaje, los pensamientos positivos se generarán automáticamente sin ningún esfuerzo por tu parte.

En poco tiempo, te encontrarás más ágil, dinámic@, tranquil@ y feliz contigo y con tu entorno.

¿Te atreves a hacer la prueba? 🙂

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