Todo lo que pensamos, lo que nos decimos a nosotros mismos e incluso las conversaciones que tenemos con los demás, influye en cómo nos sentimos y, por tanto, en cómo actuamos. Sin embargo, muy pocas veces dedicamos algún tiempo a observar y darnos cuenta de cuál es ese contenido mental.

Hoy te invito a hacer esta práctica y descubrir cuáles son los pensamientos y voces internas que te influyen directamente.

 

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Observar

El primer paso es observar, llevar la atención de forma intencionada a los pensamientos que “oímos” en nuestra mente.

Es muy posible que descubras que gran parte de tu contenido mental está formado por juicios.

 

Los juicios son etiquetas que la mente va poniendo a cada suceso que le ocurre o cosa que ve

… para poder archivar y guardar las experiencias, los nombres, etc.

De esta manera, en su función de ahorrarnos energía, irá creando automatismos que, en base a la experiencia pasada y a las expectativas imaginadas del futuro, nos harán actuar de una u otra manera.

Aunque la intención es buena, si no dedicamos un tiempo a revisar lo que dice nuestra mente podemos estar perdiéndonos la oportunidad de:

  • explorar nuevas experiencias,
  • conocer personas nuevas
  • e incluso Ser como somos.

 

Neutralizar

El segundo paso, una vez observado el contenido mental, es neutralizarlo.

Neutralizar significa “no hacerle caso”.

Observamos el juicio que aparece, lo escuchamos, pero decidimos no hacerle caso y permitirnos vivir la experiencia como si fuera la primera vez que lo hacemos.

De hecho, siempre es la primera vez que hacemos las cosas, puesto que, aunque parezca una rutina, cada día nos encontramos de una manera, cada día el exterior tiene cambios (llueve, hace sol, frío, más o menos ruido, etc…)  y eso hace que las situaciones no sean siempre iguales sino que tengan matices diferentes que pueden proporcionarnos nuevos recursos, aprendizajes o experiencias.

Esto es lo que se denomina mente de principiante y supone

vivir cada momento como si fuera la primera vez que lo hacemos.

 

Ingredientes

Aunque parecen dos pasos “sencillos”, el automatismo asentado de la mente hará que una y otra vez caigamos en él, nos llevará a la rutina y hará que nos olvidemos tanto de observar los pensamientos como de neutralizar los juicios.

Es por ello que necesitaremos dos ingredientes fundamentales para abordar esta misión sin que suponga un suplicio para nosotros e incluso entremos en el autocastigo por no hacerlo bien.

Se trata de:

La paciencia: no pasa nada si caes en el automatismo una y otra vez. Lo importante es que cada vez que te des cuenta, observes tu mente y trates de neutralizar el juicio.

Con la práctica se irá convirtiendo en una habilidad o nuevo automatismo que, en esta ocasión, te permitirá tomar tus propias decisiones a cada momento en lugar de impulsarte a actuar de modos que ya no te apetece.

 

El no esfuerzo: Atención, sí. Esfuerzo, no. El empeño supone emplear una energía excesiva que no necesitas. Lo único que conseguirás es agotarte y abandonar tu práctica, con lo que tu mente automática ganará la partida. Es como cuando tenemos tanto sueño que no nos podemos dormir… y cuanto más nos empeñamos en dormir, más nos despertamos. Solo si nos relajamos, crearemos la condición necesaria para que el sueño aparezca… o para que pueda observar mis juicios sin dejarme llevar por ellos.

 

 

1 comentario
  1. Carmen
    Carmen Dice:

    Hola Melania, me ha encantado tu artículo. Yo cuando empiezo a sabotearme me digo: “Paso de ti” y me pongo a hacer otra cosa. Me funciona porque dejo automáticamente de darle vueltas a algo. Los ingredientes para no automatizar un pensamiento me ha gustado mucho. Ser conscientes del aquí y del ahora. Buen consejo.

    Responder

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