Cómo superar un mal día

¿Alguna vez has tenido uno de esos días en los que parece que todo se confabula para salir mal?

Te dan una mala noticia y piensas “Bueno, qué se le va a hacer… es como vienen las cosas”.

Entonces empieza a llover y dices “Mierd… no tengo paraguas”.

Llegas a casa y te encuentras una fuga en el fregadero y media cocina llena de agua: “No me lo puedo creer…”

Y por si fuera poco… ¡mañana tienes que presentar un programa delante de un montón de gente! … o un informe a tu jefe o terminar el disfraz de los niñ@s… Algo que tiene que estar sí o sí para mañana y “¡cuándo narices lo voy a hacer!”…

No sé a ti, pero cuando vienen estos días en que las desdichas parecen no tener fin, llega un momento en que yo necesito “estallar”… y después ya puedo ponerme en marcha para gestionar y solucionar

Experiencia personal

En situaciones así, generalmente me vienen pensamientos del tipo “¡Todo me pasa a mí!” “¡Ya está bien!… ¿algo más puede salir mal?” (A este procuro no prestarle mucha atención porque ya sé que sí… siempre puede salir mal algo más)… y entonces empieza otra retahíla en la que se ve atacada mi autoestima, mi valía, los logros de mi vida…

Hubo un tiempo en que, en días como estos se me ponía un humor de perros y me relacionaba dando zarpazos a casi cualquiera que se acercara a mí… (igual me sobra el “casi”)… como si ellos fueran los responsables de mis desgracias o pudieran empeorar mi situación de alguna manera… y no digamos si venía “el alegre de turno” a decirme “Tranquila, no pasa nada”… una mirada solía bastar para que no volviera a cometer la osadía de acercarse “a restregarme su bienestar”.

Pero entonces yo no era consciente de lo que me ocurría… simplemente, me creía injustamente víctima “de las desgracias del universo” y me dejaba arrastrar por las emociones que me embargaban.

Solo un tiempo después, cuando empecé con esto de llevar consciencia hacia mí misma y mi funcionamiento, pude identificar las emociones que se me despertaban, cuáles eran los detonantes y descubrir la manera de gestionar la situación de manera saludable para mí y para mi entorno 🙂

Práctica: ¿Cómo llevar consciencia hacia nosotros mismos?

“Imagina” que eres otra persona y mírate… como si estuvieras mirando a un familiar, un amigo o un desconocido… Simplemente, mira para ver qué hace… ver cómo se comporta… cómo es la expresión de su cara, de su cuerpo…

Cuando yo me miré, descubrí que se me arrugaba mucho el entrecejo y se me apretaba la boca, cosa que al final del día me dejaba con un buen dolor de cabeza y de mandíbula, por no hablar del dolor que se me acumulaba entre los hombros y en la zona cervical…

Obsérvate, mírate… solo para ver, para descubrir qué ocurre.

Sin embargo, yo había salido contenta de casa… Entonces ¿cuándo se me había arrugado el entrecejo? … ¿Fue cuando me dieron la mala noticia? … No… me puse triste y quizás bajó mi alegría, pero no se me frunció el entrecejo… Fue cuando empezó a llover… no me gusta mojarme y no llevaba paraguas… me sentí molesta…

¿Y la boca?… ¿Cuándo se me había apretado?… al llegar a casa… tenía que ponerme a trabajar en algo urgente, tenía poco tiempo y la avería todavía me hizo perder más tiempo… entonces me enfadé y se me tensó la boca…

… Ahí fue cuando sonó el teléfono y contesté diciendo ¡¡¡QUIÉN!!!… sin saber siquiera quién era…

Primero fue tristeza, después rabia, impotencia, frustración… y, por último ¡hasta culpa y vergüenza! … “Era un amigo para invitarme a cenar el fin de semana y me había comportado como el cul…”

Investiga, hazte preguntas, trata de reproducir a cámara lenta la secuencia de los hechos observando los cambios que se van produciendo en ti.

¿En qué momento te cambió la cara? ¿qué sentías entonces? ¿recuerdas cuál era tu pensamiento en ese momento? ¿qué ocurrió a continuación?…

¿Te había ocurrido algo parecido anteriormente?…

¿Qué conseguí con todo esto?

Es curioso, pero el hecho de observarme a mí misma y darme cuenta de todo lo que me ocurría, ya hizo que mi entrecejo y mi boca estuvieran más relajados, con lo cual, ya no tenía tanta tensión física en mi cabeza ni en mis hombros.

También ocurrió que, como me entretenía observando lo que le ocurría a “este personaje” (es decir, a mí misma), pues mi mente no tenía tanto tiempo para crear pensamientos negativos del tipo “todo me pasa a mí”… “es que todo te sale mal”… “y ahora encima te mojas”, etc, etc, etc.

Esto también hizo que yo pudiera ver cómo mis emociones aparecían poco a poco, sin estallar de golpe. De esta manera, ya podía empezar a gestionarlas; es decir, ya no me salía un grito si alguien me llamaba de repente por teléfono, ni soltaba zarpazos a quien se acercaba a mí…

Ahora podía

expresar el enfado, la frustración, la impotencia… ¡desde la calma!

Uaaaaaoooooo!!!

Podía llamar a un amig@ o a mi hermana o a quien quisiera y decirle “Mira, llevo un día de perros y necesito desahogarme un rato” o podía llegar a casa y pegar cuatro gritos al viento o darme una ducha calentita o sentarme a meditar… ¡¡¡lo que quisiera!!!

Ahora podía

elegir cómo expresar las emociones de forma sana para mí y para mi entorno.

Finalmente, una vez expresadas las emociones,

la mente se quedaba en calma y libre para organizar cómo resolver la situación de la mejor manera posible.

Herramientas para superar un mal día

Como he dicho antes, el modo de descubrir los funcionamientos internos que a veces nos hacen tener comportamientos dañinos sin darnos cuenta es observar e investigar.

Sin embargo, tratar de hacerlo justo cuando viene una situación conflictiva, si no lo has hecho anteriormente, es como tratar de correr un maratón si nunca has salido a correr… ¿crees que es la mejor manera? ¿qué resultados crees que obtendrías? ¿cómo crees que le afectaría a tu cuerpo?…

Yo, personalmente, me veo incapaz y además creo que mi cuerpo no lo aguantaría. Eso sí… siempre puedo decidir hacerlo y entrenarme antes para alcanzar la meta de forma saludable 😉

Pues bien, las dos herramientas fundamentales para conquistar el arte de observarnos e investigarnos y así elegir libremente los comportamientos que nos benefician a nosotros y a nuestro entorno son la meditación y el mindfulness… pero de esto ya hablaremos en otros post’s…

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