La autoexigencia en acción

Dos días sentada al ordenador.

Una misión clara: escribir un artículo para publicar.

Al cabo de los dos días, me encuentro con una hoja en blanco y un puñado de estrés, frustración, culpa e impotencia: mañana tengo que entregar el trabajo y no lo tengo listo.

La temática era libre. Podía escribir sobre lo que quisiera y las ideas iban y venían continuamente de mi cabeza:

– Puedo escribir sobre esto… y también sobre esto… ¡Ah! ¡y también sobre esto!…

– Venga, vale, pues elige un tema.

– De acuerdo, éste.

… Escribía dos líneas y entonces salía la parlanchina diciendo “no, mejor este otro”… escribía otras dos líneas y volvía a cambiar de idea… Revisaba la información disponible… Volvía a comenzar… y mientras, los minutos corrían y la hoja seguía en blanco.

Y así pasó un día… “Bueno, mañana será diferente…”

Pero llegó mañana y ocurrió exactamente lo mismo: era incapaz de decidirme por un tema u otro porque ninguno me parecía “lo suficientemente bueno” para esta ocasión.

Me decía a mí misma “Da igual, elige uno y no lo cambies, sigue con él hasta el final”… pero a los pocos minutos ya estaba cambiando otra vez “Mejor este”… y vuelta a empezar…

Entonces empecé a reconocerme en este comportamiento… no era la primera vez que me ocurría… En esta ocasión era un artículo, en otras ocasiones un comunicado y en otras, algo tan simple como elegir entre “braga blanca o braga azul”… ¡y no para tener el planazo de mi vida!… sino para bajar a comprar al super y volver a casa corriendo.

Vamos, inhabilitación transitoria para tomar cualquier tipo de decisión. ¡Tacháááán!´… La auto exigente está al mando.

Características de la autoexigencia

La autoexigencia es un patrón que nunca está satisfecho. Hagas lo que hagas, siempre te dirá que no está bien, que falta algo, que se puede hacer mejor…

Según la autoexigente, nada será lo suficientemente bueno o estará lo suficientemente bien como para recibir su aprobación.

Es así y solo queda aceptarlo.

Sus requisitos son inalcanzables y, muchas veces, incluso inexistentes. Ella no dice lo que quiere. Como mucho tiene una idea difusa y nublada. Aun así, espera que tú la satisfagas, pero recuerda: ¡es una misión imposible!… Su respuesta siempre será “Esto no vale” “Esto no está bien”… y eso en el caso de que tengas una buena relación con ella.

Si además no te llevas bien con ella, la autoexigencia atacará directamente a tu autoestima y te dirá cosas como “es que no sirves para nada”, “todo lo haces mal”, “eres idiota”… o estúpida o vete tú a saber qué…

A veces también se camufla en una especie de motivador permanente que está constantemente diciendo “Venga, que tu puedes”, “Un poco más”, “Si total, solo es una cosita más”… Sabrás que estás ante la autoexigencia y no ante un motivador porque no tendrá en cuenta tu estado. Le dará igual si sientes cansancio, si has comido o si llevas días sin tomarte un respiro.

La autoexigencia tiene su propio diálogo en cada persona, pero siempre quiere más y mejor sin tener en cuenta cómo estás tú.

Consecuencias de la autoexigencia excesiva

  • En el peor de los casos, no somos conscientes de lo que está pasando ni escuchamos sus peticiones y su diálogo interno. Sin embargo, dejamos que su discurso entre en nosotros, nos lo creemos y actuamos como si tuviera razón. Esto deriva en que la autoestima se va al traste y nos sentimos como el ser más insignificante e inválido del mundo.

Además, no nos conformamos con que nos diga una sola vez que “no está bien”, sino que entraremos en una carrera loca por complacerla que no tendrá fin y nos llevará a acumular grandes dosis de frustración, estrés, ansiedad, impotencia, etc.

Y, por si fuera poco, nos creeremos tan ciegamente lo que dice, que nosotros mismos comenzaremos a repetirnos su diálogo incluso sin su presencia.

  • En un grado medio, la escuchamos y nos damos cuenta de su diálogo, pero nos lo creemos igualmente sin ponerlo en duda y también nos quedamos hechos polvo. Al fin y al cabo, “ella sabe lo que es bueno”.

El resultado es el mismo: adiós a la autoestima, estrés, ansiedad, impotencia…

En ambos casos, la carrera por complacer a la autoexigencia acaba cuando ya no podemos más, cuando se come toda nuestra energía y nos rendimos a los que sea. Lo malo es que, si no tenemos recursos suficientes, esto puede derivar en estancamiento, apatía, aislamiento, depresión, etc.

  • En el mejor de los casos, sabemos reconocerla y transitarla sin que su diálogo exigente e inconformista haga mella en nuestra autoestima. Además reducimos a niveles mínimos el estado y la emocionalidad agotadora que la acompañan e incluso podemos eliminarlos totalmente.

En este caso, la carrera de complacencia será corta y terminará cuando nos demos cuenta de que la autoexigencia está presente y decidamos soltar, parar y decir “hasta aquí”. Entonces aparecen la calma y la fluidez.

La autoestima permanece intacta e incluso mejora por la superación del patrón.

Por suerte,

todos podemos aprender a reconocer y transitar la autoexigencia de forma sana.

Ejercicios para trabajar la autoexigencia

El primer paso para gestionar y superar la autoexigencia, igual que cualquier otro patrón de comportamiento es reconocerla y para ello, necesitamos:

  • tomar la decisión de querer reconocerla y
  • comenzar a observarnos.

Algunas pistas que pueden servirte para identificar que la autoexigencia está en marcha son:

  • Haces una tarea, pero no la das por terminada. Te parece que siempre se puede mejorar un poco más y vuelves a retocarla y modificarla una y otra vez.
  • Aparece la idea de “yo puedo con todo” y adquieres un montón de compromisos, contigo o con otras personas, que no te da tiempo a cumplir o acaban con tu energía.
  • Te empeñas en que lo que haces le guste a todo el mundo y buscas mil y una formas de satisfacer.
  • Tienes una lista infinita de tareas acumuladas por hacer que no te permiten relajarte y disfrutar.

Cómo superar la autoexigencia

La autoexigencia es imparable, puesto que su misión es precisamente esa: exigir.

Hasta ahora la he pintado como “la mala de la película” por los efectos devastadores que puede tener. Sin embargo, como cualquier otro patrón que convive con nosotros, también tiene una función positiva y, en el caso de la autoexigencia, es permitirnos mejorar y superar nuestros límites. Despierta nuestra inquietud por ser mejores y activa la curiosidad para investigar nuevas ideas y nuevos modos de hacer.

La autoexigencia por sí misma no es mala. Los efectos negativos aparecen cuando no le ponemos límites, cuando no le decimos “hasta aquí”.

Por lo tanto, una vez identificada, viene la fase de poner límites y… ¿dónde está ese límite?

El límite está en el punto en que nuestra energía comienza a disminuir.

Cuando empezamos a sentirnos cansados, dando vueltas sobre una idea sin pasar a la acción, en un constante hacer sin dirección ni control es momento de decir “hasta aquí llego ahora”.

Cuando se acaba la fluidez, es hora de poner el límite.

Dale una patada a la autoexigencia y tómate un respiro… y si ves que no logras hacerlo, cuenta conmigo… Pide tu sesión de valoración gratuita y veremos qué podemos hacer.

Aunque es sencillo, no siempre nos resulta fácil de hacer. Al fin y al cabo, decir “hasta aquí” supone reconocer que, en este momento, he llegado a mi límite… y, en el fondo, la mayoría tenemos en nuestro interior ese deseo oculto de ser, en todo momento, el “Superman” o la “Super Woman” que todo lo pueden.

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