Mirarse al espejo

Hace unos días os hablaba de cómo una cicatriz facial marcó ciertos aspectos de mi infancia y mi juventud y, he de decir que ha sido uno de los post con más interacción y comentarios que he recibido.

Muchas personas se han sentido identificadas en sus cicatrices porque, de una u otra manera, también pasaron por un período de rechazo, enfado o malestar con su físico hasta llegar a la aceptación.

Sin embargo, este malestar con la del espejo, no es exclusivo de las personas que tienen alguna marca o rasgo que no les gusta.

Fue para mí una sorpresa descubrir, en algunas de mis amistades y, posteriormente, en personas con las que he trabajado, cuánta gente que se sabe y es generalmente reconocida como guapa y físicamente bella, también tenía su batalla con la del espejo.

En unos, la creencia subyacente era “quién me va a querer  o cómo voy a gustar con este aspecto”. En otros “solo me quieren por mi aspecto”.

En ambos casos, el aspecto parece ser el obstáculo a salvar para sentirse querida por lo que la persona realmente, pero ¿por qué ocurre esto?

Cómo te ves

En realidad, el problema no es el aspecto físico.

El obstáculo real a salvar para sentirnos queridos es la autoestima… el amor que nos tenemos a nosotros mismos…

La autoestima representa cómo nos vemos en el interior, más allá de nuestro cuerpo físico… cómo y cuánto nos gustamos y nos queremos en nuestra forma genuina de Ser.

El malestar con la imagen física el un grito interno del alma que nos dice “¡Mírame!”, “¡Mírame bien!, que estoy aquí”.

La mayoría de nosotros nos vemos a diario en un espejo. Casi es inevitable: ¡quién no tiene un espejo encima del lavabo?… Incluso nos paramos un ratito frente a él… las chicas mientras nos pintamos el ojillo y los chicos mientras se afeitan… o viceversa…

Sin embargo, ¿cuántas veces te has detenido realmente a mirar esa imagen reflejada?

Hoy te propongo hacer esta práctica: una mirada a la del espejo… No una mirada rápida, como cada día, sino una mirada a fondo… ¿Me acompañas?

Los preparativos

Puesto que ahora te lo voy a contar por escrito, te recomiendo que primero leas el post y después realices la práctica.

…¡¡¡EHHHH!!… Define cuándo lo vas a hacer y pon una alarma en tu agenda para que te avise… Si no, te la perderás y, créeme, no es lo mismo leerla que hacerla. 😉

Elige un momento en el que no tengas prisa, estés tranquil@ y sepas que no vas a ser molestad@. Necesitarás una media horita.

Te recomiendo elegir un espejo generoso. No uno de bolsillo, sino un espejo en el que veas toda tu cabeza completa… incluso medio cuerpo… También vale uno de cuerpo entero, aunque en esta práctica nos vamos a centrar en la cara.

Puedes estar sentad@ o de pie, lo que más cómodo te sea.

Curiosidad, paciencia y honestidad, además del espejo y tu persona, es todo lo que necesitas para hacer la práctica.

Bueno, al finalizar, también papel y boli.

Práctica: cómo mirarse al espejo

Observa cómo es ese momento previo a mirarte en el espejo… te dispone a hacer la práctica con la simple intención de observar y ver qué descubres

Observa cuáles son las emociones que se presentan ante la perspectiva de hacer esta práctica… ¿Te apetece?… ¿Te parece una tontería?… ¿Quizás te inquieta un poco?… ¿o te parece divertida?… Todo está bien… solo observa si aparece alguna emoción…

Lleva ahora la atención hacia el cuerpo y observa si se produce alguna sensación en el estómago… en la garganta… en el pecho… o en cualquier otra parte…

Presión, hormigueos, calor… nada… Todo está bien… solo date cuenta de lo que hay…

Poco a poco, dirígete al espejo y comienza a mirarte a los ojos… observa su color… la forma… el tamaño… su brillo… Amplia tu foco para ver también el espacio que ocupan en la cara… los párpados, las pestañas… las cejas… las marcas de expresión, si las hay…

Y según observas tus ojos, date cuenta de las emociones que aparecen y de las sensaciones que se producen en tu cuerpo…

Abdomen… pecho… garganta… quizás también espalda y hombros…

No tengas prisa… tómate tu tiempo… no pasa nada si no sientes nada, simplemente, date cuenta de que no hay sensaciones y continúa observando…

¿Te dicen algo, esos ojos?…

Respiiiiraaaa… permite que el aire circule libremente por tu cuerpo y continúa mirando…

¿Qué te transmite esa mirada?…

No busques una respuesta… simplemente observa y date cuenta de si aparece algo espontáneamente en tu mente… lo primero que te venga…

¿Cuál es la emoción que se despierta?…

… ¿Qué le dirías a esa mirada?…

Continúa ahora ampliando tu foco… observa la nariz… las mejillas… las orejas… lentamente… sin prisas…

Ve observando, poco a poco, toda tu cara… observando y dándote cuenta de las emociones que aparecen en cada rasgo… de las sensaciones que se despiertan en tu cuerpo…

Date cuenta también de los pensamientos que aparecen en tu mente, pero déjalos pasar… no entres en diálogo con ellos… Tú, solamente, sigue observando la imagen del espejo…

La boca… los labios… la barbilla…

La expresión de esa cara…

¿Qué te transmite esa imagen?…

Sigue observando…

Tómate todo el tiempo que necesites… con calma… sin prisa por acabar… y si sientes prisa, date cuenta y sigue observando… ¿por qué esa prisa?… ¿Piensas que estás perdiendo el tiempo?… ¿o quizás comienzas a sentir sensaciones que te inquietan?

… Sigue observando… concédete este espacio…

Te invito ahora a establecer un pequeño diálogo con la imagen del espejo… Dile

“Hola… ¿cómo estás?”…

No respondas tú… La imagen del espejo tiene voz propia… escucha lo que ella te contesta…

Si no te dice nada, mantén la calma… dale un poco de tiempo y dile “Me gustaría hablar contigo… ¿te apetece charlar un rato?”… y espera su respuesta

Observa las emociones que aparecen en ti… las sensaciones… los pensamientos… pero mantén la mirada en la del espejo… dándole espacio para que conteste…

Cuéntale lo que te transmite… de forma pausada…

Tristeza, alegría, enfado… lo que sea… sin perder la calma… “Mirarte me produce…”

Respira… y observa cualquier cambio que se produzca en ti

Recuerda, todo está bien… No importa si te gusta o no te gusta, si te parece bien o mal… es lo que hay… obsérvalo… dale espacio para que salga… Estás en un lugar tranquilo, frente a un espejo… no pasa nada… todo está bien…

Pregúntale también si tiene algo que decirte…

“¿Quieres decirme algo?”… y escucha lo que tenga que decirte…

Continúa el diálogo de forma pausada… exprésale cuanto te apetezca o necesites y concédele el espacio para que ella también te pregunte y te exprese lo que necesite…

Dile en qué quieres que te ayude y pregúntale en qué puedes ayudarle…

Respira… todo está bien… solo es un espacio para conversar…

Manteneos ahí todo el tiempo que os apetezca… observando, mirando, conversando… con paciencia… con calma…

Cuando sintáis que ya está bien, buscad la forma de despedíos con amabilidad, con gratitud, con amor por lo que habéis compartido…

Si os apetece, podéis quedar para veros de nuevo en otro momento

Para terminar

Respira… toma consciencia del lugar en el que te encuentras… del momento del día que es… y es hora de continuar…

Antes de volver a tu cotidianeidad, te recomiendo que cojas papel y boli y escribas todo lo que has experimentado… Sin pensar demasiado, solo pon el boli en tu mano y déjale que escriba…

¿Qué has descubierto?

… Abrazo hondo…

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