Cómo mantener una mente sana

De la misma manera que vamos al gimnasio o hacemos deporte para perder algunos kilitos y mantener nuestro cuerpo en forma, necesitamos ir “al gimnasio” para perder los kilos de más que llevamos en pensamientos y mantener nuestra mente sana y en plena forma.

… y ¿qué es mente sana?

Una mente sana es una mente tranquila. Una mente en la que hay pensamientos, pero estos siguen su curso sin generarnos ninguna perturbación.

Es una mente que nos ayuda a ver con claridad cómo son las cosas, con confianza, con certeza, sin la influencia de los pensamientos, de las creencias, del pasado, de los miedos…

Desde esa visión clara, también nos ayuda a resolver con claridad. Encuentra cuál es la mejor solución en cada momento y no pasa facturas posteriores en forma de culpa, reproches o “si hubiera hecho esto…”

Una mente sana es una mente en forma y está en coherencia con el corazón, porque no actúa en base al pasado o al futuro, sino que escucha al corazón y le ayuda a realizar sus proyectos.

También es una mente que nos abre las puertas del inconsciente, ese gran desconocido que a veces nos sabotea y nos entorpece sin que sepamos qué está pasando, y nos brinda el espacio para que aparezca y se desarrolle la intuición.

Una mente sana nos permite conocernos y nos permite SER como somos… nos permite elegir qué hacer, a dónde ir, con quién estar… nos permite comunicar nuestras necesidades y poner límites de forma empática y respetuosa.

Una mente sana nos permite conectar con nuestra sabiduría interior y vivir en paz y en armonía con nosotros mismos y con el entorno.

¿Cómo mantener una mente sana?

Solo una palabra… Meditando

La meditación es el gimnasio para nuestra mente.

… sí, sí… eso que has oído tantas veces y que te parece un rollo, que piensas que no es para ti, que no tienes tiempo para hacer, que no puedes hacerlo porque te duele todo el cuerpo o porque no puedes estarte quiet@, que te aburre…

Ya sé cómo me dices… yo también pasé por ahí y ¿sabes qué?… Realmente ocurre como con el cuerpo…  a veces te cuesta empezar, pero en cuanto coges el ritmo, descubres lo bien que te sienta y se incorpora fácilmente en tu vida…

Acompáñame un poco más y te sigo contando en qué consiste y cuál es la mejor manera de empezar.

¿Qué es meditar?

Meditar es observar de forma consciente, continuada y sin emitir juicios.

Observar de forma consciente, significa mirar con atención, dándome cuenta de lo que estoy mirando y de lo que está ocurriendo en mí cuando miro lo que miro.

De forma continuada implica permanecer un tiempo en la observación… no una miradita y “ya está”, sino que me quedo un rato mirando y captando todos los detalles que puedo, tanto de lo que observo, como de mí misma mientras observo.

En la vida diaria, esta forma de observar, consciente y continuada,

nos permite enfocarnos y concentrarnos en aquello que queremos, en lo que es importante para nosotros.

Por último está la mirada “sin juicio”, es decir, miramos lo que hay, sin importar si nos gusta, nos disgusta, nos entristece, nos alegra, nos duele, nos incomoda, nos agrada… da igual… solo miramos

Yo diría que esta ausencia de juicio es lo que más cuesta; pero también es lo que irá permitiendo que se haga la claridad mental y que se genere el espacio en el que se desarrollan la creatividad y la intuición, en el que aparecen las soluciones, en el que nos permitimos Ser como somos y también relacionarnos con el otro tal como es…

Meditar nos entrena para tener una mente en plena forma disponible para cuando verdaderamente la necesitemos.

¿Qué hay que mirar?

El “objeto” de observación puede ser muy variado y además puede ser:

  • físico: la llama de una vela, una flor, un paisaje, una imagen, etc.
  • o intangible: la corriente de pensamientos, la respiración, las sensaciones del cuerpo, el vacío, una emoción, etc.

Cada técnica tiene su propio objeto de meditación, pero en todas ellas, lo importante es mantener la atención única y exclusivamente en el objeto elegido, sin desviar nuestra atención de ahí a pesar de los pensamientos que se crucen, de las emociones que aparezcan, de las molestias corporales, de los ruidos exteriores…

… pase lo que pase, nos mantenemos amorosamente firmes en nuestro propósito de observar el objeto elegido.

De esta manera, entrenamos a la mente para que esté donde nosotros queremos y no donde ella quiere… También la enseñamos a relajarse, pues para la mente es todo un descanso poder centrarse en una sola cosa en lugar de andar saltando de un lado a otro… relajación de la mente que, de inmediato, se traduce en una relajación del cuerpo.

Hay otro tipo de meditaciones más avanzadas: la meditación “sin objeto”, es decir, las que no utilizan ningún objeto de observación, sino que se ejercitan en la abstracción de la mente… ningún objeto, ninguna idea… solo el observador puro…

También están las meditaciones dinámicas, que son las que incluyen cierto movimiento físico. Dentro de estas últimas podríamos encuadrar el mindfulness, tan de moda en estos tiempos… en esta práctica el objeto de atención es el “aquí ahora”… lo que esté ocurriendo en este momento, sea lo que sea lo que estemos haciendo.

¿Qué meditación es buena para empezar?

Sobre todo, aclarar que no hay meditaciones mejores o peores. Todas son igualmente válidas.

Lo que ocurre al principio es que la mente no está acostumbrada a estar mucho tiempo en un sitio y tampoco está acostumbrada a “no hacer nada”.

Por este motivo, mi recomendación es empezar por una meditación sentada con objeto. De esta manera, eliminamos todas las distracciones que puede traer el movimiento y también los estímulos externos presentes en las meditaciones dinámicas. Por otra parte, el objeto es un primer apoyo que nos sirve para decirle a la mente que sí tiene que hacer algo: “mirar aquí”.

La actitud meditativa

Meditar es todo un reto cuando la mente ha estado a su libre albedrío hasta ahora. Además, en ese libre albedrío, siempre ha buscado lo mejor para nosotr@s… Pensaremos que le ha salido bien o mal; pero su intención siempre ha sido la de mantenernos vivos y cuidar de nuestra integridad.

Al empezar a meditar “tomamos el mando”, lo que hacemos es decirle a la mente “ahora quiero que hagas esto”.

Si esto lo hacemos de forma autoritaria, la mente se revelará y te dará un montón de resistencias: excusas, entretenimientos, incomodidades, pensamientos que te harán perder la confianza…

Por eso te invito a negociar, a explicarle que para ti es importante esto, que quieres probar, que necesitas su ayuda… Hazte amig@ de ella y busca su colaboración.

Y, sobre todo, mucha pacienciaEs normal que te distraigas, que tu mente se vaya detrás de los pensamientos, que sientas que no lo estás haciendo bien… todo eso es normal… Con la práctica, estas distracciones se harán cada vez más espaciosas y durarán menos tiempo.

Lo importante no es cuántas veces se despista tu mente o cuánto tiempo puedes estar atento. Lo importante es que, cada vez que te des cuenta de que tu mente se ha escapado, vuelvas a traerla a la práctica, a la observación… Una y otra vez… No importa si se escapa 1 vez, 10, 100 o 1 millón…

Lo importante es darte cuenta de que te has ido y volver al ejercicio, con paciencia, con calma… y con una sonrisa… “me he escapado” 🙂 … y vuelvo…

2 comentarios
  1. Elena
    Elena Dice:

    Hola Melania he leído el artículo y me ha parecido interesante,informativo y muy bien explicado.
    Pero yo no me veo porque no puedo ni realmente quiero parar aunque lo tengo en cuenta
    Saludos😄

    Responder

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