¿Te ha pasado alguna vez que tienes que hacer algo urgente que requiere tu atención, pero tu mente no está por la labor de ayudarte?

A mí pasó hace poco… y no era la primera vez… Te cuento cómo fue la historia y cómo lo resolví.

La historia

Un martes cualquiera… Me levanté temprano para comenzar a trabajar. El objetivo era claro: escribir un post para el blog y la newsletter para mis suscriptores.

Sin embargo, llevaba unos días con mucha confusión mental y me costaba encontrar la lucidez o claridad mental que me permitiera ponerme manos a la obra.

Entonces eché mano de varios recursos que tenía a mi alcance y me habían servido en muchas otras ocasiones.

Si te apetece, puedes escuchar aquí la historia, tal cual la viví en aquel momento:

Recursos

  • Meditación: hice mi práctica habitual e incluso le dediqué un poco más de tiempo. Esto me proporcionó calma mental y serenidad.
  • Alimentación: un desayuno sano y equilibrado. Sin prisas… saboreando cada bocado… Así puse en funcionamiento la concentración.
  • Ordenar: el orden externo favorece el orden interno, así que dediqué un tiempo a ordenar mi zona de trabajo. De esta manera conseguí claridad y pude mantener mi calma mental.
  • Aceptación: a pesar de todos estos recursos, en cuanto me ponía ante el ordenador, mi mente se bloqueaba y entraba en prisas, exigencia, pánico… Estaba claro: mi mente, ese día, no estaba disponible para tareas creativas. Solo podía hacer una cosa más:
  • Soltar: Al abandonar la intención de escribir, desapareció el agobio y apareció la “Inspiración”.

Recuerda:

“Tú, en realidad, no eres la charla que oyes dentro de tu cabeza;

eres el Ser que oye esa charla”.- Bill Harvey.

La solución

Cuando la voz de los pensamientos suena muy alto, concentrarnos y mantener la calma se convierte en un gran reto que puede poner a prueba todos nuestros recursos.

Un antídoto eficaz en estos casos es tomar distancia de nuestros pensamientos y conectar con nuestro verdadero Ser. Esto se traduce en darnos cuenta de que en realidad no somos todo ese barullo de frases locas y enredadas que escuchamos en nuestra cabeza, sino el Testigo equilibrado y sereno que puede observar y escuchar todo ese diálogo desde la calma.

Te invito a explorar la siguiente práctica de Ken Wilber que puedes encontrar en su libro Diario, además de en otros textos, suyos y de otros autores, en los que ha sido incorporada.

Se trata de leer en voz alta el texto que transcribo a continuación. De forma lenta, escuchando y sintiendo el efecto que cada frase tiene en ti.

Puedes leerlo varias veces seguidas o leerlo una vez y repetirlo en distintos momentos del día.

La práctica continuada de esta técnica, nos ayuda a desidentificarnos del ego y del pensamiento y despertar la consciencia testigo.


MEDITACIÓN: El Testigo

Tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo.
Puedo ver y sentir y lo que se puede ver y sentir, no es el auténtico Ser que ve.
Mi cuerpo puede estar cansado y excitado, enfermo o sano, sentirse ligero o pesado, pero eso no tiene nada que ver con mi yo interior.
Tengo cuerpo, pero no soy mi cuerpo.

Tengo deseos, pero no soy mis deseos.
Puedo conocer mis deseos y lo que se puede conocer, no es el auténtico Conocedor.
Los deseos van y vienen, flotan en mi conciencia, pero no afectan a mi yo interior.
Tengo deseos, pero no soy mis deseos.

Tengo emociones, pero no soy mis emociones.
Puedo percibir y sentir mis emociones y lo que se puede percibir y sentir, no es el auténtico Perceptor.
Las emociones pasan a través de mí, pero no afectan a mi yo interior.
Tengo emociones, pero no soy mis emociones.

Tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos.
Puedo conocer e intuir mis pensamientos y lo que puede ser conocido, no es el auténtico Conocedor.
Los pensamientos vienen a mí y luego me abandonan, pero no afectan a mi yo interior.
Tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos.

Soy lo que queda, un puro centro de percepción consciente.
Un testigo inmóvil de todos esos pensamientos, emociones, sentimientos y deseos.



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