La forma en que hablamos condiciona, más de lo que pensamos, lo que ocurre en nuestra vida y cómo nos van las cosas.

También es una carta de presentación que dice mucho de la forma en que afrontamos las situaciones, de las creencias que tenemos y de la carga inconsciente que nos mueve.

Hay palabras y expresiones que nos motivan y nos impulsan y hay otras que resultan tóxicas.

Las expresiones, frases o palabras tóxicas nos impiden avanzar hacia lo que queremos, debilitan la autoestima o nos cargan con una presión excesiva e innecesaria que nos deja sin energía.

Por suerte, nuestro abecedario es rico en combinaciones y podemos encontrar formas de sustituir las expresiones tóxicas por otras que nos ayuden y nos aporten vitalidad.

Hoy te voy a hablar de 5 expresiones tóxicas muy comunes y te voy a indicar algunas alternativas de uso.

Pero

¿Y qué tiene de malo el “pero”?, dirás.

“Pero” es una conjunción que utilizamos entre dos frases. Pues bien, una vez que has dicho el pero, da igual lo que había en la primera frase, tu cerebro la ignorará completamente y se quedará con la segunda.

Te pongo un ejemplo:

  • Toma una respiración, lee esta frase y, al terminar, párate unos instantes y observa:

Me gustaría hacerlo, pero es difícil.

¿Qué ha pasado? ¿Te gustaría hacerlo o ya lo has descartado?

Es como si tuviéramos que elegir entre dos opciones y, con un pero por medio, inconscientemente siempre elegiremos la segunda.

En programación neurolingüística, al pero se le llama “borrador universal” y a mí me gusta esta expresión porque me recuerda que cuando aparece el pero tengo que borrarlo.

Las alternativas al pero son: aunque / y

  • Vuelve a leer despacio estas dos frases y observa el cambio:

Me gustaría hacerlo, aunque es difícil.

Me gustaría hacerlo y es difícil.

Diferente, ¿verdad?

  • Si aun así te resistes a dejar de utilizar el pero, asegúrate de que la frase más motivadora y beneficiosa para ti esté después del pero:

Es difícil, pero me gustaría hacerlo.

Intentar

Un verbo de acción que suena genial y paradójicamente nos paraliza y evita que consigamos lo que queremos.

Generalmente lo utilizamos cuando queremos hacer algo que nos supone un esfuerzo o cuando pensamos que no obtendremos el resultado que queremos.

La mejor forma de explicar la toxicidad de esta palabra es con un experimento:

  • Intenta coger un objeto que tengas a mano… lo que sea, un boli, un vaso, el móvil…
  • No lo cojas, solo inténtalo.

¿Qué ocurre?… Nada… Si lo intentas, no pasa nada

¿Cuántas veces has intentado ponerte a dieta o ir al gimnasio? … y ¿qué ha pasado?

Deja de intentar. La única forma de conseguir lo que quieres, es hacerlo.

Quizás la primera vez te cueste o no salga del todo como tú querías, pero solo es cuestión de coger el hábito o ir probando y perfeccionando.

Si te quedas en el intento, no lo lograrás.

Hazlo… y sigue haciéndolo hasta que salga como tú quieres.

Tengo que

La preferida de los autoexigentes…

“Tengo que” representa una obligación.

A menudo, este “tengo que” lleva aparejado cierto esfuerzo… y ya no te digo cuando se nos juntan muchos “tengo que”… ¡La energía se nos irá solo de pensarlo!

Una pregunta:

  • ¿Cuál de estas dos opciones te motiva más?

Tengo que hacerlo

Quiero hacerlo

La respuesta es única e indudable, verdad?

Olvídate del “tengo que” y conecta con el “quiero”.

… y si en algún caso te encuentras con algo que sientes verdaderamente como una obligación, conecta con el “para qué” lo haces y ahí encontrarás tu “quiero”…  Si no lo encuentras, deja de hacerlo.

No he hecho nada

Otra que gusta mucho a los autoexigentes y a menudo acompaña al “tengo que”.

Estamos sumergidos en un mundo activo en el que impera la acción. Cuando hacemos algo, nos sentimos bien. Cuando no hacemos nada, parece que el tiempo se nos va de las manos o que lo estamos desperdiciando.

El uso de esta expresión depende del valor que le damos a lo que estamos haciendo.

Si lo que hacemos es algo interesante o deseable, daremos un montón de detalles sobre lo que hemos hecho; mientras que, si pensamos que no lo es, para mí o para mi entorno, diremos “nada… no he hecho nada”.

La toxicidad de esta expresión es doble:

  • Por un lado, invalida lo que hacemos y, aunque parezca que no son cosas super motivadoras o molonas, de una manera u otra, seguro que sí son necesarias para nuestra vida.
  • Por otro lado, al invalidar lo que hacemos, a menudo también se cuela en nuestro inconsciente y hace que nos invalidemos a nosotros mismos, lo cual deteriora nuestra autoestima y fuerza personal.

Me asombra la cantidad de veces que escucho esta expresión cuando lo que oculta es: he estado descansando, me tomé un tiempo para mí, estuve tranquila haciendo cosas en casa o me relajé viendo la tele.

También es común utilizarla, y aquí me apunto yo la primera, en relación al trabajo. A veces queremos hacer una actividad concreta, pero nos enfrascamos en pequeñas tareas rutinarias o aparecen imprevistos inaplazables que, después de una dura jornada, nos hacen decir “no he hecho nada”… Si nos quedaba una pizca de energía, seguro que se ha ido al traste de golpe…

¡Es imposible no hacer nada!

Aunque estés durmiendo, estás haciendo algo: dormir.

Reconoce y valora lo que haces y verás como tu vida se enriquece y tu energía aumenta.

Ganarse la vida

Una “joya” para el final… ¡Cómo si la vida se pudiera ganar en algún sitio!

La vida ya la tenemos. Es un regalo que recibimos al nacer y no tenemos que hacer nada para conseguirla.

Generalmente, utilizamos esta expresión para referirnos a la forma en que conseguimos dinero o riquezas, para expresar en qué trabajamos o a qué nos dedicamos.

Sin embargo, cuántas veces ocurre que por querer ganarnos la vida, lo que hacemos es embarcarnos en una carrera agotadora de conseguir más dinero y más riquezas que pensamos que nos harán más felices… y lo que hacemos es precisamente lo contrario: perder la vida.

Así que, ojo, no te desvivas por ganarte la vida.

La vida es un regalo. Solo tienes que vivirla… aquí y ahora.

Práctica: cómo eliminar las frases tóxicas

Te invito a que tomes consciencia de estas expresiones y compruebes cuánto las utilizas en tu día a día:

  • Presta atención a las veces que las dices. Puedes contar cuántas veces lo haces al día.
  • Después, prueba las alternativas que te doy: cada vez que te descubras diciendo una expresión, haz una breve pausa y repite la frase utilizando la alternativa.
  • Por último, observa los cambios que se producen en tu estado de ánimo, en tu nivel de energía y en tu vida misma.

Para que se te haga más llevadero, te recomiendo centrarte cada semana en una expresión.

A medida que practiques, se irá convirtiendo en un hábito y las alternativas te saldrán de manera natural.

Recuerda:

Tu estado de ánimo, tu nivel de energía y tu vida misma. mejorarán.

¡Que lo disfrutes!

… y si te ha gustado este post, deja tu comentario abajo o compártelo en tus redes favoritas: ayudas a tus amigos y me ayudas a mí.

¡Muchas gracias! 🙂

2 comentarios
  1. Rodrigo
    Rodrigo Dice:

    Se que estás lejos PERO al leerte QUIERO pensar que sigues a mi lado y HACIENDO esto, me haces feliz. Cuanta verdad en tus palabras. TQ

    Responder

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