Un tabú es una prohibición de hacer o decir algo que no responde a cuestiones legales sino más bien a una especie de acuerdo, expreso o tácito, derivado de ciertos prejuicios sociales, culturales, etc.

El tabú puede originarse en toda una sociedad, pero también en entornos más reducidos: familiar, laboral… incluso en grupos de amigos o en el ámbito de la pareja.

Sin embargo, el que no se permita hacer algo o hablar de ello, no quiere decir que, a nivel individual, no tengamos el interés, la inquietud o la necesidad de hacerlo.

Hacer caso omiso a esta necesidad interna por respetar ciegamente esos tabúes es una represión que nos sumirá en la ignorancia y la duda, nos llenará de estrés y frustración y, en la mayoría de los casos, minará nuestra autoestima y nos proporcionará grandes dosis de culpa.

A día de hoy, nos las damos de progresistas y avanzados, pero todavía existen, en nuestra sociedad y en muchos de nuestros entornos habituales, 3 tabúes que nos impiden ser plenamente felices.

Veamos cuáles son.

 

La vulnerabilidad

Ser vulnerables significa reconocer que algo o alguien puede causarnos dolor o hacernos daño y ¿sabes qué?

A todos nos pueden herir, voluntaria e involuntariamente. Sin embargo, todos nos esforzamos por ocultarlo e incluso por demostrar al mundo que no pueden herirnos.

¿Por qué?

Porque tradicionalmente se ha considerado que la vulnerabilidad era un signo de debilidad.

Si algo nos hace daño, nos ponemos tristes, lloramos, nos recogemos y nuestra energía y vitalidad se dirige hacia dentro.

Desde fuera, de alguna manera relacionamos esto con la incapacidad de ser efectivos. Además, nos hace sentir incómodos… no sabemos cómo actuar y eso nos conecta con nuestra propia incapacidad y nuestra propia vulnerabilidad.

Desde dentro, tememos sentirnos juzgados como incompetentes y crear esa incomodidad que nos hace sentir rechazo, incomprensión y soledad.

Entonces, ¿qué hacemos?

Fingir… fingir que no nos importa, que estamos bien, que no nos afecta…

En el mejor de los casos, buscaremos espacios de intimidad en los que poder dar rienda suelta a esta emoción, pero en muchos otros casos, ni siquiera nos permitimos esa intimidad y simplemente la reprimimos.

Esta represión es causa de mucho estrés, genera reacciones emocionales bruscas y desproporcionadas en entornos que además no corresponde e incluso llega a producirnos enfermedades que “no sabemos” de dónde vienen.

 

Todos los seres, animados e inanimados, somos vulnerables… No desperdicies tu energía tratando de ocultarlo.

La vulnerabilidad bien gestionada implica reconocerte plenamente, reconocer las cosas que te causan dolor y ser capaz de transitarlas y expresarlas de forma sana.

 

Aceptar y reconocer la vulnerabilidad es un signo de fortaleza y confianza en uno mismo.

Cada vez que te permites ser vulnerable, te permites ser libre, Ser como eres…

 

Además, no te van a hacer más o menos daño por expresarlo.  El daño es el mismo.

Simplemente, si lo expresas y lo gestionas, te hará crecer: descubrirás de dónde viene y podrás adquirir herramientas que te permitan superarlo de forma armoniosa y sana para ti y para tu entorno.

Si lo reprimes, además del daño causado, te generará malestar y un come come de cabeza desbordante que dará vueltas y vueltas en torno a “lo que le diría”, “lo que le haría” “lo que tenía que haber hecho” “lo que haré la próxima vez”, etc, etc… incluso puede llegar a provocarte enfermedades más serias y graves.

 

La sexualidad

Este ha sido el gran tabú reconocido de todos los tiempos. A veces por exceso y a veces por defecto, la sexualidad continúa siendo objeto de críticas, juicios y condenas… y además, ¡todo el mundo tiene claro lo que está bien y lo que no, lo que “es normal” y lo que no!

En realidad, en la sexualidad todo cabe, siempre y cuando las personas que intervienen lo hagan, en todo momento, con plena voluntad, consentimiento y libertad.

Parece algo muy obvio, pero todavía, por difícil que resulte de creer, hay mujeres “felizmente casadas” o no, que no saben si tienen orgasmos, hombres que no se permiten disfrutar porque “tienen que cumplir”, personas que no se atreven a pedir lo que les gusta ni siquiera en el ámbito más íntimo de la pareja, etc.

 

La sexualidad es el placer, la capacidad de disfrutar, la creatividad,…

 

Si tu sexualidad no es libre, placentera y satisfactoria, algo no va bien y si no le haces frente, además de estar perdiéndote una posibilidad maravillosa de goce y disfrute estás limitando estas capacidades en el resto de tu vida. Es decir, te costará disfrutar de las cosas, sentir placer, en general, y tu creatividad para innovar, resolver situaciones o hacer tu vida más plena también estará bloqueada y limitada.

 

La espiritualidad

Espiritualidad y religión han ido de la mano desde siempre y esto ha hecho que parezcan lo mismo, pero son dos aspectos diferentes que pueden ir unidos o separados.

La religión es una institución que tiene unas normas, rituales, etc. En principio, las religiones buscan desarrollar la espiritualidad de las personas. Sin embargo, al ser una institución establecida por el hombre, está sujeta a la interpretación y manipulación (bien o mal intencionada) de éste. Esto ha hecho que no haya una única religión, sino muchas, cada una con sus particularidades, dogmas, prácticas, excepciones y demás.

La espiritualidad, por el contrario, nace y se desarrolla en una persona y es única para todos, aunque cada uno la desarrolle de una manera.

 

La espiritualidad es la conexión con uno mismo, la paz interior, la sabiduría interna. Espiritualidad es consciencia infinita, unidad, silencio, presente, Ser, aquí, ahora…

 

Al igual que todos somos vulnerables y sexuales, todos somos seres espirituales y negar esta parte de nosotros, vuelve a ser una represión que nos niega el bienestar pleno y duradero.

La espiritualidad tiene que ver con el sentido de la vida, con nuestra realización más profunda… no como profesionales, madres, padres o cualquier otra cuestión circunstancial, sino con la realización como personas, como seres humanos en toda nuestra integridad.

Hay muchos ámbitos en los que todavía se considera la espiritualidad como algo etéreo e incluso como una “chaladura” ilusoria propia de los “happy flowers”.

Sin embargo, el desarrollo de la espiritualidad proporciona una lucidez certera sobre todas las cosas, confianza, presencia, comprensión, capacidad plena de amar (a uno mismo y a todo cuanto le rodea)… habilidades y cualidades que te instalan en la paz interna, la sabiduría y el bienestar.

En realidad,

la espiritualidad es algo que todos buscamos y anhelamos de forma instintiva.

También es algo que la mayoría hemos experimentado de una u otra manera, aunque solo fuera por un breve instante: un amanecer, la mirada a un bebé, un estado de plena concentración, una intuición… Breves instantes que nos dejan un indiscutible sabor de boca de plenitud y que, sin embargo, nos cuesta relacionar con la espiritualidad porque es algo que no nos permitimos y nos resulta extraño y desconocido.

Lo llamamos

bienestar, plenitud, estado de unidad, conexión con el Universo, con Dios, con el Ser…

Muchos nombres para un solo estado… y da igual a qué religión pertenezcas o que no pertenezcas a ninguna.

 

¿Cómo liberarte de estos tabúes?

Para empezar, comienza por hacerte algunas preguntas:

  • ¿En qué medida sientes que estos tabúes te están limitando actualmente?
  • ¿Sabes cuáles son las cosas que te hieren?
  • ¿Te atreves a comunicarlo?
  • ¿Dirías que tu vida sexual es plena y satisfactoria?
  • ¿Sabes cuáles son las cosas que te gustan?
  • ¿Te atreves a pedirlas?
  • ¿Te reconoces como ser espiritual?
  • ¿De qué manera cultivas tu espiritualidad?
  • ¿Te da vergüenza expresar tu vulnerabilidad, tu sexualidad o tu espiritualidad?

Investiga, date tiempo para sentirte y descubrir todo lo que te inquieta en relación a cada tabú.

 

Después establece tu plan de acción:

  • ¿Qué cosas cambiarías?
  • ¿Qué te impide hacer esos cambios?
  • ¿Qué necesitarías para poder hacerlos?
  • ¿Cómo puedes conseguir lo que necesitas?

 

Por último, solo te queda pasar a la acción: a tu ritmo, sin agobios, pero sin pausa. Elige una pequeña acción para cada día y comienza a liberarte de tus tabúes.

… Y si alguno se te resiste, cuenta conmigo… Pide tu Sesión Gratuita de Valoración y veremos cómo puedo ayudarte.

 

Colofón

Todos somos seres vulnerables, sexuales y espirituales.

No te empeñes en demostrar lo contrario. Libérate y permítete Ser…

Los límites de tu felicidad dependen de ti.

 

 

1 comentario
  1. Ana amador
    Ana amador Dice:

    Buenos días!! Y de verdad que lo son. En el lugar donde me encuentro está amaneciendo. Y lo estoy disfrutando con la canción que has compartido de dos velas. Gracias Melania.
    Y gracias por la newsletter de esta semana. Que difícil es pedir y decir lo que nos gusta y lo que no. Y en vez de eso nos complicamos la vida fingiendo. Poco a poco… esos muros caeran.
    Gracias!
    Feliz jueves!!

    Responder

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